El nombre de Oncala procede seguramente de la toponimia ibero-vasca “On” es bueno y “Cala” pastizal. Su paisaje es ondulado y verde, modelado por el pastar durante siglos de las ovejas merinas. Sus grandes casas blasonadas, sus iglesias, su paisaje, su importancia económica durante los siglos XVI a XVIII se explican en gran parte por su tradición ganadera, el comercio de la fina lana de las merinas, la Mesta y la trashumancia. Los pastores oncaleses, y los de toda la comarca, bajaban en invierno con sus rebaños de merinas a los pastos del Extremo por las cañadas, vías pecuarias trazadas desde las serranías del Norte de España hasta el Sur de la Península, amparados y protegidos en los privilegios del Real Concejo de la Mesta y regresaban a los frescos pastos de las sierras en verano. Con la aparición de la manufactura del algodón, la pérdida de los privilegios de la Mesta y la decadencia del comercio de la lana comenzó su declive económico.

Sercicios
  • Ayuntamiento: 975 381 149
  • Museo de Tapices:
  • Museo de Pastores:

Habitantes

101

Extensión

3.992 Has.

Altitud

1.301 m.

Fiestas

Natividad de Nuestra Señora, 8 de septiembre

Ven y descubre

Oncala

Puntos de interés

Iglesia de San Millán de Oncala (BIC 1983)

Fue construida entre los años 1780 a 1798 a expensas de Don Juan Francisco Ximenez del Río, hijo del pueblo, que fue Obispo de Segovia y Arzobispo de Valencia. Cuenta la tradición que la nueva edificación se realizó sin derribar la primitiva, puesto que los oncaleses no se fiaban de que el obispo acabara la obra y la antigua quedó dentro y fue después desmontada y sacada al exterior. Es de una sola nave, con cinco tramos de lunetos entre gajones de medio punto sobre pilastras. Crucero con cúpula sobre pechinas y brazos con lunetos. El Retablo Mayor está dedicado a San Millán de la Cogolla, patrón de los pastores, que se presenta con un cordero acurrucado a sus pies, vestido de monje con sayal negro y portando el cayado de pastor. La talla corresponde a la primera mitad del XVIII.

Museo de Tapices de Oncala (BIC 1983)

En el interior de la Iglesia se guarda lo que es sin duda el mayor tesoro artístico de toda la comarca. Se trata de diez tapices flamencos, ocho de los cuales están tejidos sobre cartones de Rubens y los otros dos de motivos profanos. Donados por Ximenez del Río, fueron confeccionados por Frans Van den Hecke, que trabajó entre los años 1630 y 1665. El origen de esta serie de tapices es el encargo de la Infanta Dª Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y Gobernadora de los Países Bajos, que encargó a Rubens la realización de los bocetos de la Serie para las Descalzas Reales de Madrid. Los técnicos los dividen en tres grupos: 1.- De premoniciones y profecías eucarísticas que engloba los titulados “Abrahan ofrece el diezmo a Melquisedez”, “La recogida del Maná”, “El sacrificio de la Ley Mosaica” y “Elías y el Angel”, 2.- De la apoteosis de la Eucaristía, que engloba los titulados “El triunfo del Amor Divino”, “El triunfo de la Eucaristía sobre la idolatría” y “El triunfo de la Iglesia” 3.- Dos tapices de la serie galante: “pareja con músico” y “serie galante”.

 

Museo de Pastores de Oncala

Situado en la antigua casa de la maestra de Oncala es testimonio de la vida de los pastores de estas tierras que trasladaban sus rebaños de merinas a las dehesas de Extremadura y Andalucía durante los meses de invierno. Promovida por la asociación sociocultural “El Redil”, integrada por los jóvenes de la localidad, recoge, restaura, selecciona y ordena aperos y herramientas de trabajo ligados a la actividad ganadera y a la trashumancia. El hilo conductor de la exposición es el viaje de Millán, un zagal de Oncala, desde la Sierra de Alba hasta el Valle de Alcudia en tierras del Extremo. Relata una forma de vida hoy perdida, dura y dedicada por completo al ganado, forjadora de los hombres fuertes, sufridos, recios y austeros que vivieron en estas sierras. Es encomiable la labor de preservación y recuperación de este patrimonio no tangible que se desarrolla por esta asociación de jóvenes oncalenses.

Fiestas

Las fiestas de Oncala se celebran a frutos cogidos, el día de la Natividad de Nuestra Señora, el 8 de septiembre, que se celebra aquí como bajo la advocación de la Virgen del Espino y al día siguiente, dedicado a San Roque. Por la mañana del día de la Virgen se toca diana floreada y los mozos y mozas pasan por las casas levantando a los más retrasados a los que se ofrece un desayuno a base de anís y pastas. Después misa y procesión y a la entrada de la Iglesia, se subastan los banzos de la Virgen y de San Roque, lo que otorga el privilegio de entrar las imágenes en la Iglesia y sacarlas el año siguiente. Se completa el día con diversos actos festivos por la tarde y verbena por la noche.

Agregados

El Collado

Pequeño pueblo en recuperación. Con sus dos fábricas de embutidos dotan a la localidad de cierta actividad a lo largo del año. Iglesia del siglo XVIII dedicada a Santa Marina, con un retablo mayor barroco y dos laterales de estilo rococó y una interesante pila bautismal románica. A los pies del pueblo se sitúa el río Linares, con un soto bien conservado en el que además de chopos podemos encontrar olmos de montaña, álamos temblones, robles, arces y avellanos. En su impenetrable dehesa crecen espinos, escobas, enebros acebos y hayas. El río lleva poco agua en verano y se torna torrencial en invierno.

Navavellida

Pequeña aldea situada en la cara sur del monte Lucero, separa a en dos barrios por el arroyo Alba. Su población dedicada a la ganadería trashumante de merinas, está representada en la actualidad pon una única familia si bien, durante los meses de verano y los fines de semana el pueblo recupera su antigua vitalidad. Un paseo por sus calles nos mostrará elementos de arquitectónicos y deificaciones apenas transformadas que, a pesar de su estado de abandono, constituyen un excelente ejemplo de la arquitectura popular de la comarca. La calle principal con su empedrado original, la fuente, el frontón y la iglesia de Santa Bárbara nos evoca un tiempo no tan lejano. El silencio y la vegetación adueñándose de la memoria del pueblo dotan a este pueblo de un irresistible encanto.

San Andrés de San Pedro

Con una organización urbana lineal definida por el Camino Real a Soria, San Andrés sorprende por su arquitectura popular serrana, conservando en buen estado gran parte de sus edificios antiguos. La ermita de San Andrés Apóstol, a la entrada del pueblo, es el único templo de culto tras el abandono y ruina de la Iglesia de la Asunción. Es del siglo XVIII con una nave capilla lateral y espadaña. En su interior una pila de agua bendita sobre un capitel románico decorado con animales, arroja postas sobre la antigüedad de templos anteriores. Al final del pueblo, una calle flanqueada por corrales nos lleva hasta la confluencia de dos riachuelos, lugar en el que hasta hace veinte años se reunían las mujeres a lavar. Desde la última casa del pueblo parte una bonita senda que enlaza con un camino bien marcado, paralelo al reichuelo que quedará a nuestra izquierda en la subida a la dehesa, poblada de robles.

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