La trashumancia ha marcado desde la antigüedad la forma de vida tradicional en Tierras Altas. Si atendemos a su significado estricto la trashumancia es el movimiento estacional de ganado siguiendo las rutas regulares establecidas explotando al máximo los pastos naturales a lo largo de todo el año. Ha impreso su huella en el paisaje y en el paisanaje de estas gentes.

Escribe Don Pedro Iglesia Hernández en la última parte de su libro “Oncala Ayer y Hoy” que dedica a la trashumancia: “Tenemos que terminar esta parte de la trashumancia con lo que realmente es, una marcha por el terreno de la cañada que cinco hombres, quince yeguas, cinco o seis perros mastines y mil cien reses lanares de la raza merina salían del límite de Oncala y después de un mes, llegaban a una dehesa del valle de Alcudia, sin guía, sin mapas, sin más orientación que la memoria de otros viajes que habían hecho anteriormente… Invito al lector a que piense que el día 1 de octubre se despide al amanecer de mujer e hijos, sale de casa, y después de un mes caminando todo el santo día, si el rebaño avanza quince o veinte kilómetros él a tenido que ir y volver a sujetar las reses que marchaban en cabeza o arrear a las ovejas que se quedaron rezagadas; y así, comiendo mal: migas y torreznos para almorzar; pan y tocino al mediodía; y unas patatas guisadas con algo de bacalao, cecina o carne, cocidas en el calderote colgado del trípode portátil era la cena, y así durante treinta días, durmiendo en el suelo con un par de mantas por colchón, sin desnudarse y además cada noche uno se tiene que quedar de vigilia, ellos dicen “vella”, pues así y si lucía el sol y el tiempo era bueno menos mal, pero si se ponía de lluvias, las ovejas no avanzaban ni comían, iban en hileras y con los capototes de hule era costoso andar para los pastores.”

Breve historia de la trashumancia

Desde los inicios del hombre este ha realizado de manera natural un viaje siguiendo las rutas migratorias de su caza o buscando en los inicios de la ganadería los mejores pastos para sus animales.

En la edad de Hierro y posteriormente los celtíberos tenían en la actividad ganadera su principal fuente de alimento y de materiales para vestirse como cueros y la lana con la que elaboraban sus preciados sagum o capas. No se conoce a estos pueblos una trashumancia de larga distancia, sino una trasterminancia, es decir, bajaban en invierno hasta la vecina Rioja, con clima más benigno.

Con los romanos decayó la actividad en beneficio resurgiendo con fuerza en la etapa visigoda, con el Fuero Juzgo promulgado por Recaredo que atendió ampliamente las necesidades pastoriles de los trashumantes.

Los musulmanes entraron en el S. VIII en la península y de los dos pueblos invasores el árabe y el bereber, fue este último el que eligió las tierras de la sierra para continuar la labor pastoril que ya desarrollaba en África. La influencia es clara en muchos de los vocablos relacionados con el pastoreo (zagal, alforja, rabadán) y en algunos edificios de la zona (castillo de Magaña y de Yanguas).

La reconquista trae consigo inestabilidad y con ella la inclinación de la ganadería frente a la agricultura por una razón muy sencilla: su más fácil defensa al poderse mover. La incorporación de inmensos territorios al sur, con clima más suave constituía un conjunto de excelentes pastos de invierno. Las asambleas locales de pastores, las llamadas mestas, periódicamente se reunían para redistribuir las cabezas perdidas o mezcladas. Estaban estableciendo los pilares para que en 1273 el rey Alfonso X creara el Honrado Concejo de la Mesta de los Pastores de Castilla. Su principal función era evitar conflictos entre agricultores y ganaderos pero además obtuvieron por selección una oveja productora de lana de excelente calidad, la merina.

A partir de aquí la geografía peninsular se vio rediseñada dividiéndose en la zona norte o sierra (dividida a su vez en cuatro grandes Partidos: León, Segovia, Soria y Cuenca) y los invernaderos del sur, unidas ambas por una compleja red viaria pecuaria, las Cañadas Reales y sus caminos menores. En el S. XV existían ya 3200.000 ovejas trashumantes.

Entre el S. XVI y el XVIII se produce el auténtico esplendor de esta actividad, gracias al comercio de la lana. Una vez cortada y lavada se preparaba en fardos y se trasladaba a los puertos de Bilbao y Santander, desde donde partía hacia los Países Bajos e Inglaterra. Europa se vestía con la lana de Castilla. La provincia de Soria llegó a tener en el S. XVIII 333.558 ovejas merinas.

A medida que avanzó el siglo XIX se juntaron una serie de elementos que llevaron al derrumbe de la Mesta. En primer lugar Las Cortes de Cádiz en 1813 promulgaron una Ley que abolía la mayor parte de privilegios de la Mesta y favorecían la agricultura. Poco después llegó la Guerra de la Independencia durante la cual los rebaños fueron expoliados para servir de alimento a los combatientes. Por último, en medio de este caos, se produjo la exportación de importante número de rebaños a Francia e Inglaterra. En 1836 El Honrado Concejo de la Mesta desapareció como tal tras más de 560 años de existencia.

A lo largo del S. XX el proceso de abandono de la trashumancia trastoca completamente un marco laboral que ocupaba a la mayoría de los varones. Esto supone que muchos tengan que emigrar y una auténtica sangría humana para Tierras Altas. Paralelamente el traslado tradicional de los rebaños andando comienza una rápida decadencia con la entrada en funcionamiento del servicio de transporte de ganado por ferrocarril y ya en el año 1979 encontramos la cifra de 65.000 ovejas transportadas en ferrocarril en toda la zona.

En la actualidad el transporte por carretera se está imponiendo por la rapidez, el menor sufrimiento del ganado y una mayor libertad de calendario. Pocos son los pastores que trashuman sus ganados, tan solo ganaderos de Los Campos y las Aldehuelas trasladan a las ovejas hacia el sur.

Vida de los pastores trashumantes

La unidad básica de un rebaño era la cabaña entendiendo como tal el conjunto de ganados y empleados. Una cabaña podía alcanzar los 12.000 ejemplares que se dividía en rebaños de 1000 ovejas. El propietario no solía trabajar directamente, sino que delegaba en un Mayoral, que administraba.

En cada rebaño iban cinco pastores cada uno con un cometido concreto: un Rabadán o responsable, un Compañero, que era el segundo en responsabilidad, el Sobrado y el Ayudador , que eran los que hacían las tareas más duras, y por último el Zagal, normalmente muy joven, que realizaba labores de apoyo (traer leña, el fuego...).

Solía haber también un Yegüero o hatero, encargado de las caballerías donde transportaban todas las pertenencias necesarias para el camino. Llevaban en este largo viaje escasas herramientas (navaja, el punzón, hacha, envases, botiquín para prácticas veterinarias, caldero, cubiertos, útiles de limpieza) y ropas de abrigo, mantas y prendas contra la lluvia.

La ropa era en su totalidad de piel o lana: pantalón, chalecos, zagones y pellizas. Las pieles de oveja sin curtir servían para colchón, y con pieles se hacían sacos y bolsos, así como protecciones contra la lluvia. Los pastores también eran excelentes artesanos transformando productos naturales (pieles, cuernos, huesos, maderas, corchos, crines, etcétera).

 

 

El menú era bastante monótono. Desayunaban pan con el que se preparaban las migas acompañadas de manteca o grasa de oveja, pimentón y ajos. Durante el día «se echaba merienda» (embutido o queso), y al anochecer, se comían alimentos calientes como patatas, legumbres o sopas y, si resultaba alguna res muerta, carne fresca.

La jornada tenía un horario que podía denominarse ininterrumpido. Los pastores "velaban" su ganado durante la noche para evitar los ataques de los lobos, dividiendo las horas en cuatro o cinco turnos, en los que cada pastor "vigilaba" al ganado. El último turno de vela era para el mayoral, quien preparaba el fuego para despertar al conjunto.

Las chozas de pastor se llamaban casas de hato. Era circular, con estructura de madera, sobre la que se colocaba una cubierta vegetal de "escoba" o "retama" que, debidamente instalada y renovada cada otoño, impedía la entrada del aire y la lluvia. Contenía los camastros, con pies y base de madera, y sobre éstos las pieles de oveja y las mantas. En el centro se hacía el fuego, y el humo ascendía por la cubierta a través del ramaje.

El ciclo de la trashumancia

La salida hacia el sur se hacía a finales de septiembre. Si el tiempo no era malo se cubrían entre 20 y 30 kilómetros diarios. El recorrido total solía cubrirse en un mes cubriendo en ese tiempo unos 450 kilómetros de media. En el camino de ida se vendían o compraban algunas ovejas. Cuando llegaban al destino debían acondicionar el lugar para el periodo invernal. A las pocas fechas de llegar se iniciaba la época de partos.

El mes diciciembre era época de ayudar en las labores de lactancia a los corderos descarriados y se seleccionaban los nuevos ejemplares para reponer las bajas, se les castraba y marcaba con hierro. A comienzos de febrero «la chicada» (rebaño de corderos nuevos) podía salir al campo y comenzar su alimentación de pasto, al tiempo que las crías eran separadas de sus madres. En marzo se iniciaban las labores del esquileo de las crines de las caballerías ("marceo") y se «raboteaba», es decir, se cortaba el rabo de los corderos y se cocinaban siendo un manjar.

El mes de abril se dedicaba al esquileo, aunque, en ocasiones, esta tarea se realizaba durante el viaje de vuelta e incluso en las propias sierras.

Por San Juan, en junio, ya en casa, se renovaban los contratos de los pastores. Los rebaños se dirigían a la sierra donde los pastores se turnaban en la vigilancia del ganado para poder estar con sus familias.

Con la llegada del noveno mes comenzaba el ciclo de nuevo. La popular canción refleja bien este momento “ya se van los pastores a la Extremadura, ya se queda la sierra triste y oscura".

Cañada soriana oriental

Los sistemas viarios trashumantes que atañen a Tierras Altas se podrían dividir en dos grandes bloques: el Occidental y el oriental.

Bloque occidental

A su vez tiene 4 ramales:

Puerto de Piqueras

Aquí se junta tres cordeles:

  • el procedente de Urbión: atraviesa las cumbres de la Sierra de Cebollera, en el límite de las provincias de Soria y La Rioja
  • el procedente de Laguna de Cameros, en los Cameros Nuevos (La Rioja) que accede hasta el mismo puerto, junto a la Ermita y Venta de Piqueras, por el camino conocido como El Atajo
  • el procedente del término de Lumbreras, también en La Rioja.

Los tres cordeles se unifican y dan origen a una cañada que desciende desde el Puerto en paralelo a la N-111 y, en algunos casos, coincidiendo con ella. Atraviesa La Póveda y, continuando por Barriomartín y Almarza, llega a las fincas de San Gregorio. Esta vía es usada principalmente por los ganaderos de La Póveda.

Acebal de Garagüeta

  • El primero se encamina por la Sierra de Montes Claros cruzando por La Palomera, entre las jurisdicciones de La Póveda y Santa Cruz de Yanguas; continúa por el paraje de Verdinalejos, ,Adovezo, hasta el Acebal de Garagüeta.
  • El segundo viene desde el Quinto de Santiago, término de Yanguas, y desciende por el oeste de la comarca por Santa Cecilia, La Laguna, Puente de Los Llanos, Verguizas, La Ombría, Las Crucijadas, Vizmanos, El Quinto La Casa y La Nevera.
  • El tercero, procedente de Las Aldehuelas, pasa por La Sobera, Prao Lantara, La Cebosa, Fuente Linosa y Quinto Grande. Desde Valloria el cordel se dirige por la jurisdicción de Las Aldehuelas a Montellano, para acceder a la vertiente sur de la Sierra y a las jurisdicciones de Torrearévalo y Gallinero. El ganado de Los Campos alcanza Garagüeta, incorporándose al cordel procedente de Las Aldehuelas de La Cebosa, por los términos de Los Campos, El Solanizo y El Frontal. Los tres cordeles configuran la Cañada Real Soriana Oriental, que, desde Garagüeta, da un giro de noventa grados para dirigirse al descansadero de Gallinero.

 

Puerto de Oncala

  • Los rebaños de Villaseca, Huérteles, Las Fuentes de San Pedro, Palacio de San Pedro y Montaves se juntan en El Alto de Campos para encaminarse desde aquí al Puerto de Oncala.
  • A este punto llegan también los hatos de Oncala y, por la Sierra de Los Corrales, los de San Andrés de San Pedro. Desde el puerto remontan la Sierra del Alba encaminándose a la localidad de Gallinero por los límites jurisdiccionales de Ventosa de La Sierra, Los Campos, Torrearévalo, Las Aldehuelas y el Quinto del Tío Matías.

Cordel de la SO-615

Los ganaderos de la zona oriental utilizan frecuentemente otro cordel que se encamina a Soria por Estepa de San Juan, Cuéllar, Ausejo y La Rubia, para luego seguir por el Camino Real de La Rubia a Pedraza, Aylloncillo, Buitrago y Garray, donde se une con la citada cañada. Este cordel coincide con la actual carretera SO-615.

El nudo donde todas estas vías se unifican es el descansadero junto al río Zarranzano. La cañada continúa a la izquierda de la carretera N-111por Portelrubio, Los Llanos de Chavales, Fuentecantos, Tordesillas, Garray hasta Soria. Después bajaría por los Rábanos, Lubia, Tardajos, Rabanera hasta Almazán. Aquí se uniría el ramal del Bloque oriental.

Bloque Oriental

Desde la jurisdicción de Oncala la cañada que llega a la sierra Ibérica se dirige hacia el sur por las jurisdicciones de Estepa de San Juan, Castilfrío, San Andrés de San Pedro, Valtajeros, Carrascosa, Pobar, La Losilla, Suellacabras, Narros, Sierra del Almuerzo y Fuensaúco. Esta cañada, coincidente en parte con un ramal de la Cañada Soriana Oriental, era de uso alternativo según los cultivos de hojas y barbechos, y todavía la utilizan en algunas ocasiones los rebaños de Navabellida. De Fuensaúco pasa a Candilichera, Viana de Duero y entra en Almazán.

Desde Almazán la Cañada Soriana Oriental continúa unificada hacia el sur por Almántiga, Valluncar, la Miñosa, Torremediana, Ontalvilla de Almazán, Jodra de Cardós, Villasayas, Romanillos de Medinaceli y entra en la Provincia de Guadalajara. Y desde allí, al valle de Alcudia.

La Lana

En los S. XVI, XVII y XVIII Soria era una potencia internacional en cuanto a la producción de lana y el lavado de esta. Había tres tipos de calidades de lanas: finas (merinas trashumantes), entrefinas (merinas estantes) y bastas. Cuando se esquilaban las ovejas estaban presentes los mercaderes que llevaban el producto a los lavaderos.

Hacia la década de 1770, funcionaban 3 lavaderos en Soria capital, y otros en Chavaler, Vinuesa, San Pedro Manrique, Yangüas, Medinaceli y Ágreda. En cada lavadero debía haber, para ello, un administrador y un fiel, con la misión de registrar en los correspondientes libros la lana que entraba en sucio y la que salía en limpio. El proceso era altamente especializado y complejo empleando hasta 17 divisiones del oficio distintas (Tinero mayor, ahuecadores, raberos, pedreros…). Los lavaderos propiamente dichos eran grandes calderas con fuego por debajo donde se calentaba el agua. De aquí caía a unos pozos o tinos donde se echaba la lana y se pisaba igual que se hace con la uva. Cuando estaba bien seca se llevaba a la lonja y allí se hacían los sacones que se señalaban con una marca distintiva del lavadero y se trasladaba o bien lomos de animales o en carretas.

La lana soriana seguía tradicionalmente dos rutas. Una hacia el noroeste, que acababa en los puertos de Santander y Bilbao, pasando previamente por Burgos o por las aduanas de Valmaseda, Orduña y Vitoria. Otra hacia el noreste, a través de las aduanas de Ágreda y Logroño, para, tras cruzar Navarra, acabar bien en el puerto de San Sebastián o bien en Francia. Si no era de calidad total, en el puerto seco o Consulado de Burgos no se aceptaba para su posterior traslado a las lonjas de recepción de la Rochelle, Amberes o Londres.

Posteriormente, en 1777 se creó la Sociedad Económica Numantina de Amigos del País con el fin principal de modernizar esta industria textil. Pero a mediados del S. XIX, comienza la decadencia de esta industria, aparece el algodón, el campo está empobrecido y desaparece el Honrado Concejo de la Mesta, desapareciendo privilegios ganaderos y con ellos esta actividad que tanto había aportado a la economía soriana.

El nudo donde todas estas vías se unifican es el descansadero junto al río Zarranzano. La cañada continúa a la izquierda de la carretera N-111por Portelrubio, Los Llanos de Chavales, Fuentecantos, Tordesillas, Garray hasta Soria. Después bajaría por los Rábanos, Lubia, Tardajos, Rabanera hasta Almazán. Aquí se uniría el ramal del Bloque oriental.

 

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